“Nada tiene sentido en biología si no es a la luz de la evolución». Theodosius Dobzhansky, en The American Biology Teacher, 35(3), 125–129, 1973. https://doi.org/10.2307/4444260
Aunque esta categórica aseveración de Dobzhansky haya sido cuestionada, por ser pretendidamente omni-explicativa, este investigador desarrolló la noción clave de especie en la teoría de la evolución. En la conocida síntesis evolucionista moderna o neodarwinista, la noción de especie biológica fue caracterizada por Dobzhansky y por Mayr, para los organismos de reproducción sexual, como grupos de poblaciones naturales interfértiles que están aislados reproductivamente de otros grupos. Noción que cuenta con la mayor aceptación en la actualidad a pesar de sus evidentes limitaciones como, por ejemplo, el hecho de que sea válida sólo para grupos que se reproducen sexualmente o, también, que su aplicación no sea posible para especies que ya están extinguidas. La noción es importante, entre otras razones, porque definida de esta manera, cada especie constituye una unidad evolutiva discreta e independiente, pues no hay intercambios de genes entre especies diferentes.
En las diferentes especies con reproducción sexual se dan distintos patrones de comportamiento respecto del cuidado de las crías.
En la especie humana, la competencia parental y la buena calidad de los vínculos familiares es fundamental para poder efectuar unos cuidados de crianza y de educación adecuados. Pero, ¿cómo aprendemos a ser unos buenos padres? generalmente repitiendo los mismos aciertos y errores que cometieron nuestros padres durante nuestra infancia. Otras veces actuamos al revés que ellos y por oposicionismo pasamos de un extremo a otro. Entonces, si nuestros padres fueron autoritarios nosotros podemos ser tan permisivos como para que nuestros hijos crean erróneamente que pueden hacer o ser todo lo que quieran. Con lo que se les refuerza el narcisismo y la omnipotencia infantil, terreno abonado para cosechar frustraciones y fracasos insoportables en su vida futura. Porque todos necesitamos que nos enseñen a diferenciar entre las necesidades vitales esenciales y limitadas, y los caprichos de nuestros posibles deseos ilimitados. Siempre plus ultra, el Homo sapiens no ha podido resistirse al placer del conocimiento y a la exploración de lo desconocido.
En la actualidad, casi nadie duda de que la sexualidad es una dimensión esencial del ser humano que nos identifica en uno de los dos estados humanos: como hombres o como mujeres. La especie humana se manifiesta como especie doble, hombre y mujer, y ambos alcanzan su plenitud a través de desarrollar su capacidad de amar y de ser amados, de educar y ser educados, para construir un mundo mejor para todos. Algunos animales pueden ser domesticados, otros necesitan vivir en espacios naturales y ser protegidos del mayor depredador que existe, el ser humano. La sexualidad humana también es diferente de la sexualidad del resto de especies animales, por eso la psicosexualidad humana se desarrolla de forma dinámica y diversa a lo largo del ciclo vital de cada persona y se hace realidad como el refuerzo hedónico más potente que motiva el comportamiento de los seres humanos, construir fuertes vínculos interpersonales y proyectos de vida compartidos al servicio del desarrollo personal y la supervivencia de la especie.
El sustantivo latino sexus proviene del verbo seco, cortar. Entonces sexo se refiere a la división del género humano en dos grupos diferentes: masculino y femenino. La sexualidad humana tiene tres raíces fundamentales: la biológica, la motivo-afectivo-relacional y la cognitiva, estrechamente relacionadas. Lo que permite explicar que los factores biológicos son factores necesarios, pero no suficientes para mantener una libido humana satisfactoria. La psicosexualidad propia de los seres humanos está estrechamente asociada con el desarrollo de la identidad y la realización personal, el tipo de relaciones que mantenemos con nuestros semejantes, el proceso de formación de pareja y de familia, así como con los afectos, las cogniciones y la aptitud para relacionarse con los demás. En la sexualidad se describen 3 funciones: la comunicación y vinculación interpersonal dirigida a la búsqueda apasionada de la perfección y la plenitud personal y la reproducción a través de la unión sexual. Porque como afirma el psicólogo Ira Progoff en El diario íntimo (1961):
“Como el roble está latente en el fondo de la bellota, la plenitud de la persona humana, la totalidad de sus posibilidades creadoras y espirituales está en el fondo del ser humano incompleto que espera en silencio la oportunidad de aflorar”.
Si es capaz de construir un vínculo de apego seguro con unos padres que le proporcionen un humus familiar facilitador: una tierra fértil (aceptación incondicional), regada con agua (amor) y luz (competencia parental) de buena calidad.
Porque el desarrollo personal depende, tanto de las predisposiciones genéticas, como de la calidad del humus familiar: de la capacidad de los padres para contener las ansiedades y los conflictos evolutivamente normales de los hijos, así como para poder aceptarles incondicionalmente y cuidarles apropiadamente, según las demandas propias de cada hijo. En este sentido, algunos abortos ocurren durante el embarazo, pero otros tienen lugar después del nacimiento, cuando no sabemos estar plenamente disponibles a medida que nuestros hijos nos lo demanden. Albert Einstein reunía todas estas competencias parentales en la palabra AMOR con mayúsculas en la carta de despedida a su hija Lieserl, que la fuerza más poderosa que existe el AMOR. Y aunque existan algunas dudas sobre la autoría de esta carta, en la que Albert Einstein lamenta no haber sabido expresar mejor su amor de padre, hasta el final de su vida, dice a su hija: “Lamento profundamente no haberte sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida”. Esto les ocurre con frecuencia a los padres que no han tenido tiempo suficiente para vincularse satisfactoriamente con sus hijos, por haber estado demasiado ocupados, o porque tenían otras prioridades en la vida, por no haber sabido hacerlo mejor, etc. Claro que nunca es tarde si la dicha es buena, y por la potencia humanizadora de la misma, nos parece conveniente reproducirla en casi su totalidad:
“Cuando propuse la teoría de la relatividad, muy pocos me entendieron, y lo que te revelaré ahora para que lo transmitas a la humanidad también chocará con la incomprensión y los perjuicios del mundo. (…) Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por nosotros”.
“Esta fuerza universal es el AMOR. Cuando los científicos buscaban una teoría unificada del universo olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas. El Amor es Luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El Amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El Amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere”.
“El Amor es Dios, y Dios es Amor. Esta fuerza lo explica todo y da sentido en mayúsculas a la vida. Ésta es la variable que hemos olvidado durante demasiado tiempo, tal vez porque el amor nos da miedo, ya que es la única energía del universo que el ser humano no ha aprendido a manejar a su antojo. Para dar visibilidad al amor, he hecho una simple sustitución en mi ecuación más célebre”.
“Si en lugar de E= mc2 aceptamos que la energía para sanar el mundo puede obtenerse a través del amor multiplicado por la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos a la conclusión de que el amor es la fuerza más poderosa que existe, porque no tiene límites”.
“Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de las otras fuerzas del universo, que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía. Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser siente que en él habita, el amor es la única y la última respuesta”.
“Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta. Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada”.
“Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede, porque el amor es la quinta esencia de la vida. Lamento profundamente no haberte sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida”.
“¡Tal vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo, necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la última respuesta! Tu padre: Albert Einstein”.
Creemos que merece la pena divulgar esta carta atribuida a Albert Einstein, porque muchos padres podemos identificarnos con algunos contenidos de ella, y para tratar de promover una mejor formación personal y parental para asumir en las mejores condiciones posibles la responsabilidad compartida de educar a nuestros hijos. Porque, ¿de qué AMOR habla Einstein?, ¿Cuáles son las ansiedades y los conflictos evolutivamente normales por los que todos pasamos?
Existe la evidencia de que el vínculo de interdependencia mutua que se crea en la familia y nace de los padres hacia los hijos, que se denomina vínculo de apego primario, es un factor esencial que conforma el desarrollo vital de todos sus miembros, en especial de los hijos:
“…sólo el niño que se siente seguro es capaz de avanzar saludablemente en el camino del desarrollo” aseguró Abraham Maslow en A Theory of Human Motivation” (1943).
Según este mismo autor los seres humanos compartimos 5 tipos de necesidades básicas o primarias: fisiológicas, de protección y seguridad, de integración en el grupo de pertenencia, de valoración personal y autoestima, y de realización de las capacidades personales que todos tenemos, incluso sin saberlo. Porque a veces no las hemos podido descubrir a lo largo de toda una vida. Porque la satisfacción de estas necesidades depende de las oportunidades que somos capaces de darnos a nosotros mismos y a los demás, según el grupo social de pertenencia, las circunstancias concretas en que transcurre nuestra existencia, y el esfuerzo que es capaz de realizar cada persona para conseguirlo. Ya que cada persona cuenta con diferentes capacidades de afrontamiento y da prioridad a objetivos diferentes cuando trata de dar un sentido positivo a sus vidas. De hecho, algunas culturas dan poco valor a los bienes materiales individuales y priorizan el crecimiento espiritual o la participación en la comunidad como formas de satisfacer sus necesidades vitales. Algunas personas pueden estar más preocupadas por proteger su identidad religiosa, sexual o de género que por satisfacer otras necesidades. Porque a pesar de la larga lucha por la igualdad de derechos de todas las personas, las oportunidades ofrecidas a hombres y mujeres son muy diferentes en todo el mundo. Por eso también, la guerra es una actividad más de hombres que de mujeres y ser víctimas de la violencia es mucho más frecuente en las mujeres que en los hombres. Solo en el seno de vínculos de buena calidad nos podemos hacer personas, y aunque los malos vínculos pueden deshacernos; los vínculos humanos de buena calidad nos permiten rehacernos.
No existe un vínculo más íntimo y más vital que el que une a un niño con su madre durante el embarazo: cada uno forma parte del otro de forma tan real que los dos son un sólo cuerpo. Cuando Winnicott (1969) se refiere a la relación entre el bebé y su madre, afirmaba categórico que los bebés no pueden existir por sí mismos, dado que un bebé sólo puede existir en el seno de la relación con su madre. Primero como deseo maternal que habita en su corazón y luego como deseo compartido de un proyecto de vida familiar que le incluye también a él, que cuenta con él. Porque cuando llega un bebé, “toda la constelación familiar tiene que reubicarse” (…) El desastre no es sólo para mamá”, nos confiesa Mariela Michelena (2009) en su excelente obra Un año para toda la vida.
Y si los padres o cuidadores principales no están verdaderamente presentes y disponibles emocionalmente para el niño, este no podrá satisfacer su necesidad de amor, protección y seguridad. Lo que le resultará tan abrumador, incluso traumático, que su desarrollo posterior se verá comprometido. Esta frustración temprana de las necesidades primarias del niño puede manifestarse a lo largo de su vida en forma de diversos trastornos mentales graves, conductas adictivas, etc. Cada bebé tiene unas necesidades que no son sólo corporales, sino que tiene también unas acuciantes necesidades emocionales que unos padres “suficientemente buenos” o normales pueden captar intuitivamente para poder establecer un vínculo de apego seguro, en estrecha colaboración con otros miembros de la familia y de toda la comunidad. Porque para educar a un niño/a hace falta toda la tribu, sobre todo desde la ejemplaridad y la responsabilidad de la conducta de los líderes del grupo de pertenencia.
Belén Mingote Bernad. Psicóloga Sanitaria
José Carlos Mingote Adán. Médico Psiquiatra
